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Hola amigas,

¿Cómo estáis? Hace mucho, mucho tiempo que no escribo en el blog. Este año se anticipaba complicado y muy ocupado. He tenido que priorizar y dedicarme a mi trabajo y a finalizar unos estudios que llevo tiempo realizando. Sin embargo, llevo días pensando en vosotras y en cómo estaréis pasando el momento que nos está tocando vivir con el Coronavirus. Espero y deseo que estéis bien de salud y solo un poco descolocadas, nerviosas…

Y es que, una vez más ha ocurrido: tratas de organizarte e intentas que las cosas salgan de una manera «x», y luego llega la sorpresa que todo lo descuajaringa. Pero esto es de órdago. ¿Quién podía anticipar algo así? Si nos llegan a decir hace 3 meses que íbamos a estar semanas aislados en casa por una pandemia hubiéramos pensado: «sí bueno, es algo pausible como tantas cosas en este mundo, pero bah… ¡chorradas!» Bien, pues aquí estamos y ahora todo ese orden da igual.

Llevo 1 semana en casa, como muchas de vosotras también lo estará. Y en los primeros momentos de esta reclusión pensé en Slow Sophie. Lo primero que escribí en este blog cuando lo creé es que Slow Sophie era una llamada a parar, a la calma. Una llamada a echar el freno para mirar a la vida desde otra perspectiva. Un STOP en el camino para respirar, detener la inercia que nos confunde y reencontrarnos. Así quise entender esta crisis del Coronavirus y así, esperanzadoramente, lo está viendo mucha gente.

Y qué difícil es parar

Haca 1 semana que quiero escribiros y hoy ya me he plantado y he decidido tomar de mi medicina: STOP. Calma. Freno a la inercia.

¿Me creerás si te digo que estoy deseando aburrirme? En mi día a día coordino programas de formación, en los que también doy clase. Ahora todo lo que era presencial, ha pasado a ser online y la semana ha estado dedicada a esto… y a todo lo que sale por el camino. Todas tenemos una casa que atender, personas con las que estar… el tráfico de llamadas y WhatsApp ha debido dispararse un 20.000% entre llamadas para ver cómo está uno y otro, memes y demás historias.

La nueva inercia. No salimos. Ni vamos a ninguna parte a trabajar pues, los que podemos, lo hacemos desde casa. Tampoco perdemos 2 horas diarias atrapados en los atascos de Madrid. Sin embargo, ¡con qué facilidad cambiamos una inercia por otra! ¡Un mareo por otro! Y lo último que hacemos es… parar.

Un rato diario entre amigas para frenar al Coronavirus

Bueno, yo hoy finalmente me siento ante ti con la propuesta de empezar un diálogo contigo que dure toda esta cuarentena, sea lo larga que termine siendo, y que vuelvas a encontrar en Slow Sophie un ratito de calma, de freno… y de amistad! Así, intentamos que los días sean más ligeros y hacemos lo que está en nuestra mano: cuidarnos, no salir, no sobrecargar a nuestros sanitarios y frenar el avance del Coronavirus dichoso.

Me gustaría compartir contigo un texto que he leído hoy y que, si te apetece, me cuentes en los comentarios las sensaciones que te produce y lo que crees que esta crisis puede traernos de positivo.

El texto es de Kitty O’Meara y dice así:

“Y la gente se quedó en casa. Y leía libros, escuchaba, descansaba, hacía ejercicio, creaba arte, jugaba, aprendía nuevas formas de ser, y se detenía. Y escuchaba más profundamente. Algunos meditaban, algunos rezaban, algunos bailaban. Algunas se encontraron con sus sombras. Y la gente empezó a pensar de forma diferente.

Y la gente sanó. Y, en ausencia de personas viviendo en la ignorancia, el peligro, sin conciencia o de forma insensible, la Tierra comenzó a sanar.

Y cuando pasó el peligro, y la gente se reunió de nuevo, lamentaron sus pérdidas, tomaron nuevas decisiones, soñaron nuevas imágenes, crearon nuevas formas de vivir y curaron la tierra por completo, tal y como ellos habían sido curados».

Cuídate.

Buenas noches,

Sofía

 

 

 

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