Desayuna amaneceres

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Este verano he disfrutado de muchos momentos por los que me siento agradecida. Uno de ellos es el del amanecer. Hay quien piensa que el verano no es para madrugar...

...yo creo que los amaneceres tienen que estar sí o sí en tu lista de cosas para hacer durante el verano. Te queda un mes para vivirlo si aún no lo has hecho.

¿Por qué? Porque durante el resto del año madrugamos, pero vamos con prisas, entre coches, edificios, caras de sueño, carreras para coger el bus o el metro... Hay quien tiene la suerte de despertar con una luz natural preciosa, pero pocos se paran a vivirla. A priori podrás darle más o menos importancia a contemplar amaneceres, pero lo cierto es que a nadie deja indiferente.

Cada verano tengo que despedirme del mar, y volver a Madrid. Viendo la imagen podrás imaginar lo sencillo que es... Imposible no echar de menos esa luz. Cada año busco mi momento a solas con el mar. Normalmente ese último día en la costa estoy irritable y triste. Bajo a la playa ansiosa, deseando encontrar mil claves y respuestas en ese pequeño momento de despedida. A veces me llevo papel y lápiz para escribir... Pretendo inspirarme y deshacer enredos mentales, tomar decisiones que me traigan la felicidad... Creo que voy a descubrir el secreto de mi existencia si me dejan en paz 30 minutos junto al mar.

Evidentemente, nada de eso llega. Me voy más ansiosa aún, garabateando en el papel las mismas chorradas que puedo pintorrerar en una mañana cualquiera en el metro... y en 3 días he olvidado la sensación de estar ante algo tan bonito.

Amaneceres que nutren

Esta vez lo he hecho de forma diferente. He bajado a caminar. Sin papel ni lápiz. Cuando no me aguantaba más, me he deshecho de las zapatillas, he desandado el camino por la arena y me he metido en el agua. Alrededor una mujer recogiendo conchas y una pareja mayor disfrutando como yo. He nadado, he hecho el muerto cerca de la orilla para escuchar el sonido de las piedrecitas al moverse con el agua... me he sentado y simplemente he respirado y observado. Ningún pensamiento más conmigo (bueno el de tomar la foto). Nada de ansiedades por intentar arreglar el mundo en el último momento de las vacaciones.

He cambiado la frustración de la vuelta por el agradecimiento del tiempo vivido allí. Esta vez sí me llevo la sensación conmigo. La luz de los amaneceres volverá a estar allí, para cuando llegue un nuevo descanso tras ir avanzando en los objetivos fijados para este año. Será mi aliciente y mi fuente de energía.

Los recuerdos son nuestros y están a nuestra disposición para cada vez que queramos tirar de ellos. Dedica tiempo en tus vacaciones a construir recuerdos y grabar sensaciones que te llenen de energía. No necesitas el mar. Busca tu amanecer en calma, el que más te mole. Y disfrútalo. Yo te regalo unas imágenes (y puedes ver más en Instagram... @slowsophie) para que se te alegren los ojillos, pero esto no vale. Tienes que vivir tu amanecer. Luego, date las gracias por haber salido de la cama para hacerte ese regalo.

¡Felices amaneceres y felices propósitos de año nuevo! Que para mí... siempre empieza en septiembre.

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