De cuando la felicidad da miedo…

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​El miedo no es malo, pero es muy incómodo.

Nos pasamos la vida deseando librarnos de él y lo cierto es que lo llevamos de serie, como los sentido del gusto y del olfato.

Sin miedo no seríamos conscientes del riesgo. Nuestra especie no habría sobrevivido sin él. ¿Qué si no, nos hubiera hecho correr despavoridos tras el rugido del león?

​Hoy día no huímos de leones, pero sí de cientos de otros peligros. Cambiar aspectos de nuestra vida implica riesgos, renuncias… nos saca de nuestra zona de confort hacia lo desconocido.

Todos decidimos los cambios en base a lo que creemos que nos va a acercar un pasito más ​a l​a felicidad. Pero… incluso la felicidad puede darnos miedo.

¡ARRIÉSGATE!

Desde que el mundo es mundo, el miedo se ha encargado de ​dejarnos muy claro qué es ​lo que realmente nos importa. Cuando huíamos del león, nos recordaba que ​a todos nos importa mantenernos con vida. ​

Si la ansiedad o el miedo se te disparan ante un atisbo de felicidad, ​tómalo como confirmación de que deseas ese estado.

¿​Continuamente das vueltas a un ​cambio que te ilusiona pero ​pensar en dar el primer paso hacia ello te da un miedo mortal? ¡Ve a por ello! ​Sientes miedo porque ​en esa situación, eres responsable de tu felicidad. ¡Ay! ¿Y si no logras recorrer el camino hacia tu objetivo? Si. Si ya sé yo que eso es lo que te taladra la mente… pero, ¿y si lo logras? Desde luego como no vas a llegar es ahí parado.

¡Arriésgate! Eres más capaz de lo que piensas. A la felicidad le encanta jugar al escondite con nosotros. Parece tan difícil de encontrar, que teniendo pistas sobre dónde está la tuya… ¡cómo vas a perder esa oportunidad!

La clave: no pierdas de vista tu objetivo. Trata de dar cada día un paso hacia él.

Imagen de Tanya Trofymchuk

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