4 claves y 6 pasos para establecer nuevos hábitos… y que se queden contigo (Parte 2)

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En los próximos minutos vas a leer sobre cómo crear nuevos hábitos. Tendrás que mejorar la forma en que te hablas. Si tu peor enemigo es el autoengaño o el autosabotaje, tendrás que aprender a poner ciertas tácticas de tu lado. Además, tras leer estos pasos, te vas a hartar de encender luces de semáforo. ¿Quéeee? Tú sigue leyendo y ya lo entenderás.

Espero que estés aquí tras leer la primera parte de este post. ¿Qué no has leído la primera parte? Pues te vas a perder 4 claves que son importantes y la preparación para este ejercicio de cambio de hábitos. No, no, ve aquí primero y luego vuelve a esta parte. No construyamos la casa por el tejado.

Si ya leíste el post previo, vamos con los 6 pasos para establecer nuevas rutinas:


#1. DESPACIO Y CON BUENA LETRA

Hemos quedado en que pensamientos del tipo “soy un desastre” van a la basura. De ahí a que ahora nos volvamos locos y volvamos la vida del revés, hay un largo trecho. No te atosigues. Las cosas llegarán mejor a tu vida si les dedicas el tiempo necesario, tanto para iniciarlas, como para asentarlas. No puedes incomodarte al extremo hasta el punto de que pierdas el norte en tu día a día actual. Si te haces la vida demasiado nueva, demasiado exigente, demasiado desconocida… cesarás en el intento casi seguro.

Por eso, a la hora de incluir nuevos hábitos, vamos a ir poco a poco. Se trata de realizar un pequeño cambio y cuando esté asumido dentro de nuestra rutina diaria, iremos a por el siguiente. Para ello, toma tu listado de áreas vitales y objetivos de cambio, y elige un único propósito de cada una de las áreas.


#2. FUERA GENERALIDADES Y AMBIGÜEDADES. Marca objetivos de hábitos específicos.

Voy a ponerte un ejemplo. Toma tu lista del área salud física, bienestar, salud a secas o como hayas llamado a este aspecto vital. Es probable que hayas anotado cosas del estilo:

  • Bajar de peso
  • Mejorar mi forma física
  • Comer mejor
  • Empezar a hacer ejercicio

Está bien. Son objetivos estupendos pero son muy inespecíficos. Cuanto más concretemos los objetivos, más fácil nos será acercarnos a ellos porque de entrada habremos definido bien lo que significan para nosotros.

Antes de ponerte un ejemplo de cómo formular mejor estos propósitos, déjame introducirte el paso número 3.

#3. FUTURO VERSUS PRESENTE

Las cosas que te has propuesto, las vas a hacer. Porque eres capaz y porque mereces concederte tus deseos. Hey, ¿por qué no? Ya en el post anterior, mejoramos tu autoconcepto. Eres una persona poderosa y en vías de organización. Pues para que nada de esto se quede en palabras de ánimo, acepta ya que el futuro empieza hoy. Deja de hablarte en futuro.

El futuro es lo que quieres alcanzar que ya visualizas. Los pasos a dar para llegar a esa imagen mejorada de ti, hay que darlos hoy. Así que el presente es tu tiempo verbal favorito desde este mismo momento. ¡Auto-Sugestiónate!

  • Voy a ir al gimnasio 3 días en semana, los lunes, miércoles y viernes.
  • Cada mañana voy a sustituir las galletas por una pieza de fruta.
  • Este lunes empiezo con las clases de natación, 1 día en semana.
  • Los martes y jueves me voy a levantar 1 hora antes para salir a correr.

Son solo ejemplo… tú tendrás que adaptarlos a tu vida. ¿Qué te parece? Han cambiado mucho las frases inespecíficas de antes. Así tienes que plantearlo.

En las demás áreas igual:

  • Voy a llamar a mi hermano 1 vez a la semana.
  • Los sábados voy a empezar a ir yo también al partido de los niños.
  • Este mes me apunto a ese curso de cocina que hace tiempo que deseo hacer.
  • Los viernes… noche de chicas. Se acabó tardar tanto en ver a mis amigas.

Háblate firme y con convencimiento. Esas sentencias resuenan en la cabeza y favorecen la acción.


#4. FACILITA LOS MOMENTOS en los que introducirás un nuevo hábito.

¡Póntelo fácil! Necesitas recordar a tu mente el propósito, enfrentar a tu cuerpo y mente a la nueva propuesta y dar un guantazo a ese angelito del hombro malo que inventa mil excusas.

Yo me he propuesto levantarme más temprano para salir a correr o ir al gimnasio, antes de trabajar. Tres facilitadores:

  • Me acuesto diciéndome a mí misma lo que hay. Voy a salir a correr, porque quiero, porque me hace bien, porque va en línea con mis objetivos y porque puedo hacerlo. Que estos sean tus últimos pensamientos antes de dormirte.
  • Cuando me acuesto, ya me he dejado preparada la ropa al lado de la cama. De la ropa interior deportiva a las zapatillas. ¡Hasta la cinta para el pelo y las llaves.
  • El despertador… en la otra punta de la habitación y si en medio puedo chocar con las zapatillas mejor, jajaja. Bueno, ten cuidado, please. No queremos descalabros.

Son facilitadores. Otro ejemplo es dejarte la fruta de media mañana preparada junto a tus papeles del trabajo, o sacar el exprimidor para que no te dé pereza hacerte el zumo del desayuno.

Si quieres mejorar tus comidas, hazte un súper menú semanal y apunta los ingredientes que necesitarás para que no olvides nada en la próxima compra.

Facilitadores. No es más.


#5. usa mi semáforo para llevar UN CONTROL policial de tus avances.

Puedes usar el sistema que quieras, pero o lo escribes y es muy visual, o el angelito del hombro malo volverá para decirte que no lo hiciste tan mal y que menos da una piedra. Oye, igual lleva algo de razón, pero aquí se trata de ser “supermanes” y superwomen. Lo de darlo todo no debería estar solo ligado a la pista de baile.

Cuando era pequeña, en el colegio nos propusieron llevar control de algunos hábitos con un sistema sencillo que se llamaba semáforo. Tengo un recuerdo en nebulosa pero no lo he olvidado del todo. Como niña menor de 10-11 años que era, el objetivo de aquello era que nos hiciéramos responsables de ciertas cosas y que las transformáramos en buenos hábitos. Hacer la cama, lavarnos los dientes, terminar las tareas, ayudar a recoger la mesa, etc.

En una época en que todo a mi alrededor parecía desordenarse… recordé el semáforo y lo eché de menos. Así que decidí crear mi semáforo y aquí te lo dejo para que te vigiles.

#6. PRÉMIATE por lo conseguido.

Establece recompensas para darte un gustazo tras tus esfuerzos. Porque todo en esta vida no va a ser estrujarse. Fija recompensas y hazlo antes de iniciar la puesta en marcha de tus nuevos hábitos. No esperes a ver que lo has logrado para buscar el premio. Apunta a algo que te apetezca el día 0 y apunta hacia ese objetivo colateral.

Mmmm… premios como efectos secundarios a los esfuerzos. No suena nada mal. Al final del mes, si lograste cambiar el bollo por una manzana o asistir a las clases de inglés, ¡regálate esa blusa tan preciosa!

Ready? ¡A por ello, mis valientes!

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